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miércoles, 24 de agosto de 2011

Kuroshitsuji XVI


Después de todo eso los años pasaron rápidamente para todos. Estaba dibujando un retrato de Ciel que en aquel momento posaba para mí cuando Viky, mi hija de seis años, entró en la habitación corriendo.

-Mamá, papá dice que te están llamando por teléfono para hablar contigo…

-En seguida bajo. Ciel ¿quieres tomarte un descanso, o te quedarás igual?

-Me quedaré aquí.

-¿Mamá puedo pintar yo también a Ciel?

-Claro- dije mientras salía de la habitación y me dirigía a bajar las escaleras. Oí de fondo a Ciel hablando con Viky, parecían dos hermanos, pero evidentemente no lo eran.

-¿Quién es, Sebastian?

-Es para una entrevista.

Sebastian me dejó el teléfono y me puse a hablar con la mujer que había al otro lado del teléfono, una cadena de radio bastante famosa quería concertar una cita para ir a hablar un poco de mi carrera y próximos proyectos tanto como actora como pintora.

Debido a mi embarazo y los primeros años de maternidad mi carrera como actriz menguó un poco dándome  paso a ampliar mi vida como pintora en varias galerías a las que podía llevarme tranquilamente a Victoria conmigo. Cuando volví  a la habitación Ciel seguía en la misma posición, Viky había cogido un papel un lienzo y un caballete y, tal como me había visto hacer a mí muchas veces, ajustó la altura y empezó a dibujar. Tenía algunos fallos de proporciones, pero, su manejo con los lápices y plastidecores era muy buena; envidiable a su edad.

-Vaya, parece que tenemos otra pintora con futuro en la familia.- dijo Sebastian entrando también en la habitación.

-¡Papá! ¿Te gusta? Es Ciel; de mayor quiero ser como mamá.- dijo con una sonrisa y apartándose del dibujo para que lo viéramos, Sebastian se acercó a ella y la cogió en brazos para llevarse la a comer. Un juego de padre e hija…

-Aun me pregunto cómo pudiste hacer algo como eso con mi mayordomo…

-Cállate Ciel, eso no estaba del todo planeado… Además también es el mío… Eso es peor todavía…

-¡Mamáaaa! La mesa ya está puesta, Cieeeeel, vamos a comer.

Bajamos a disfrutar de una buena comida familiar; Ciel se comportaba como un hermano mayor para ella en muchas ocasiones, Sebastian había adoptado el papel de padre y el de amo de casa al mismo tiempo que seguía haciendo su papel como sirviente de Ciel y mío. Al final llegamos al acuerdo que él se quedaría en mi casa a cambio de que ambos lo “tuviéramos” como mayordomo, aunque Ciel siempre se lo llevaba cuando quería son contar conmigo.

También debo decir que tanto Will, Grell como Undertaker se pasaban a menudo por mi casa y se quedaban a charlar o a tomar algo de té. Aquello era verdaderamente una locura, pero me acostumbré a sus peleas, al sentido del humor tan frío de Undertaker, a que Grell acosara a Sebastian y Will lo detuviera… Una casa de locos, una casa de locos felices.

-Parece que de momento todo está bien.- dijo Undertaker

-Sí, pero evidentemente tiene cualidades de demonio, a los seis años dibuja ya muy bien.-contesté mientras la vigilaba.

-Una niña podrigio- dijo Ciel

-No, una niña hija de un demonio y una humana. Eso es lo que Victoria es.-dijo Will algo molesto.

-¿Piensas decírselo algún día?-continuó Ciel

-Por supuesto que sí, tarde o temprano se dará cuenta de lo que pasa, empezará a preguntarse por qué Ciel no crece, por qué su padre no envejece… Y tendrá que saberlo.

-Aun me parece algo despreciable por tu parte que tuvieras un hijo de Sebastian- dijo Grell totalmente resignado- te odiaré por eso siempre, Sebas-chan es sólo mío- estaba empezando a salir de sus casillas y me tuve que reír.

-Lo siento Grell…- era lo único que podía decir. No fue algo que yo le ordené a Sebastian, ni si quiera se lo insinué nunca, simplemente… simplemente pasó, quiero decir el hizo algo parecido a la última vez y… después llegó Viky.

Hicimos reformas también en la casa, mi estudio de pintura se trasladó a la sala de la ropa de teatro, y esa habitación se quedó para Viky, la grande se quedó para Ciel, y Sebastian y yo compramos una cama de matrimonio y nos quedamos en el piso de abajo.

Viky había heredado el cabello de Sebastian, absolutamente negro con su piel pálida, mis ojos marrones y se había embriagado el afecto de los tres más el del grupo de Shinigamis. Era alegre y activa, como yo; pero también tenía un toque de orgullo al igual que Ciel y siempre dispuesta a echar una mano como Sebastian. Era preciosa en todos los sentidos. Kuro se acostumbró a la presencia de ella sin mucho esfuerzo, amaba los gatos, pero no iba a buscarlo, ella prefería que él viniera cuando quisiera algo.

Empecé a sentir a Sebastian y a Ciel más distantes al poco de cumplir ella 10 años, Sebastian me invitó a salir un momento con él a dar una vuelta.

-Señorita… ¿Sería capaz de seguir sin mí, verdad?

-¿Qué?

-Verá la gente se está empezando a dar cuenta que sigo exactamente igual… Tanto Bocchan como yo no podemos seguir aquí. Usted sí puede mantenerse a salvo y proteger y cuidar de Victoria.

-Es tú hija Sebastian… ¿Por qué lo hiciste si ahora te vas?- estaba sorprendida por lo que me estaba pasando, no quería que Sebastian se fuera.

-Volveré a por su alma señorita, se lo garantizo y si necesita ayuda estaré a su lado, simplemente vamos a alejarnos por su seguridad y la de la pequeña Viky.

-Sebastian… ¿Qué es lo sientes por Viky?- sé que le sorprendió la pregunta pero también sabíamos, ambos, que si él mentía yo lo sabría de alguna manera.

-Te he visto cuidarla, despertarte y levantarse varias veces para darle de comer, para calmarla de sus miedos y para protegerla. Te veo jugar con ella comprenderla con una mirada y saber qué trama con oír sus pasos. ¿Esa es la vida de una familia humana normal?

-Sí…

-No puedo decir que no es curioso, diferente, nuevo. No sé si soy capaz de ofrecer el cariño que un padre debería darle a su hija. No sé que debería hacer cuando ella se ponga enferma, o cuando llore o tenga miedo.

-¿Nunca tuviste miedo, Sebastian? Qué es lo que querías que alguien hiciera, simplemente haz lo que tú querrías que hicieran…

-Las quiero mucho a las dos y no dejaré que nadie les haga daño, nunca.- Después de eso me besó en la mejilla y junto con Ciel ambos salieron despidiéndose de nosotras para siempre…

Los años siguieron pasando, cuando ella cumplió los dieciocho, empezó a preguntarme muchas cosas seriamente, aunque ya me las había preguntado antes, aquella vez ya era el momento y la hora de decirle todo. La senté en la mesa y le conté como Sebastian y yo nos conocimos, como pasó todo y que todo había sido real. Ella era una mujer especial. Cuando la miraba, veía a Sebastian en la mirada, veía mis ojos y la mirada de Sebastian.

-¿Por qué se fue?

-Porque ellos no envejecen, al igual que los Shinigamis: Grell, Will y Undertaker tienen el mismo aspecto que cuando tú tenías seis años y el mismo que antes de que nacieras. Sería muy llamativo que no envejecieran en absoluto.

-Volveré a verlos…

-Estoy segura de que sí, pero tienes que mantener este pequeño secreto para siempre bajo llave.

-Entiendo.

Victoria se convirtió en una gran pintora, incluso mejor que yo. Se casó y tuvo un nieto que mantuvo los genes del mismo demonio que engendró a Victoria. Habíamos creado una especie nueva de seres más fuertes, más hermosos y más talentosos que los humanos. Yo cuidé de Ciel con mucho cariño como mi nieto. Sabiendo que tarde o temprano volvería a ver a ese demonio volviendo a mí para completar el trato que hicimos aquella noche. Para que esa marca se borrara de mi cuerpo y él pudiera alimentarse de mí.

Pero ahora era vieja, me pregunté muchas veces si se atrevería a venir a mi lado, si sentiría lo mismo. Si mi alma seguía llamando tanto su atención.

Él apareció cuando Ciel cumplió los treinta años y me convertí en bisabuela. Vino a recogerme y me llevó a dar un paseo muy largo. Me llevó a una isla perdida, me sentó en un banco y lo miré atentamente.

-Supongo que ya no me da tanta vergüenza decírtelo, Sebastian, desde que te vi me enamoré de ti. De un demonio… Qué locura…

-Lo sé, señorita, siempre lo he sabido. Usted deseaba tener a Viky.

-Ahora ya no es solo Viky, Ciel, tu nieto ha tenido un hijo, mi bisnieto Sebastian. ¿Te imaginas lo que creamos?

-Los humanos son muy entrañables… Karen, me alegro mucho de haberla conocido.

-Viky quiere veros de nuevo a ambos, díselo también a Ciel…

Con una sonrisa sentí de nuevo sus labios sobre los míos, sentí que mi cuerpo volvía a ser joven, sentí que mi cuerpo se cuarteaba y se iba pudriendo; no sentía los pies, las piernas se me dormían, mi alma se despegaba de mi cuerpo, me retorcía dentro, tenía miedo y me aferre al cuello de Sebastian, él se separó un poco de mí me habló para seguir manteniendo la calma. Mi alma se desgarraba e iba subiendo para salir de mi boca y entrar en la suya.

Sentía que Grell venía a toda prisa a por mi alma tal como le dije, pero no encontraría este lugar, Sebastian debía darse más prisa pero parecía gozar tanto con mi alma… había perdido el conocimiento, pero escuché la voz de Ciel muy cerca de mí.

Lo siguiente que recuerdo es ver a Viky frente a mi tumba, o al menos eso creía, la vi llorar junto con su hijo y el pequeño Sebastian en brazos.

Cuando ella se quedó sola Sebastian y Ciel se acercaron a hablarle.

-Ella era una buena mujer- Will atacó a Sebastian y lo apartó de Viky

-No te acerques Demonio, supongo que el alma de Karen está contigo.

-Ese fue nuestro contrato Will.

-¡¡Sebaaas-chaaaaaaaaaaaaaaaaan!!

Por una vez, después de tanto tiempo, todos volvíamos a estar juntos; los shinigamis aceptaron que Viky quisiera hablar con su padre e incluso Ciel, mi nieto, que estaba con su hijo se acercó al ver tanto alboroto.
Nadie les dijo que la familia estaba unida, no quería que nadie lo dijera, aquello debería morir.

-Ella siempre ha estado muy orgullo de todos ustedes, deberían recordar lo alegre que fue ella, siempre sonriendo…

-La conoció- dijo Ciel interponiéndose entre su madre y el demonio.

-Mucho mejor de lo que pensáis.

-Sebastian es hora de irnos.

-Por supuesto Bocchan, como el joven Ciel ordene…-Aquella reverencia frente al niño y también hacia Viky le hizo sonreír de alguna manera.- ¿Sabes por qué eligió Victoria?- La aludida lo miró.

-Ella siempre quiso tener uno o dos hijos, pero como puedes ver las condiciones no fueron favorables, yo lo hice por propia voluntad, ella lo deseaba y yo se lo concedí, pero siempre serás parte de mí también Viky…
Desaparecimos de allí

-No me creo que alguien como tú sienta lo que acaba de decir.

-Me ofende con eso Bocchan, por unos años, todos fuimos una familia, ¿o me equivoco?

-Esa chica… era un problema para ambos ¿verdad? Ahora que su alma es nuestra no causará más daño a ningún demonio.

-Qué frío es, Bocchan. Como un demonio…

-¿A caso no es eso lo que somos?

sábado, 13 de agosto de 2011

Kuroshitsuji XV


Aquella voz venía de las escaleras, no podía ser verdad, me negaba a tener eso en mi casa, ¿Qué hacía allí? Es más, cuando miré la sala, estaba llena de gente que no conocía, estaba Grell, estaba otro hombre de traje y gafas y el tipo extravagante de la fiesta, además de Sebastian, el niño repelente y yo.

-¿Se puede saber que hace en mi casa, Sebastian?- le dije mientras me dejaba en el suelo

-Es algo largo de explicar. Cuando la fiesta fue interrumpida por los demonios todo el mundo volvió a sus casas, al mansión desapareció y me ordenó que lo llevara a casa…

No sabía muy bien como digerir lo que me estaba diciendo, eso quería decir que ahora viviría con nosotros, ¿verdad? Estaba molesta, tal como se me había presentado con aquella pequeña conversación y además el echo de que negara a Sebastian ayudarme... 

-Veo que me has desobedecido y mientras descansaba la has salvado…- mi mirada se clavó en él.

-Lo siento joven amo, merezco ser castigado…

¿Joven amo? Me lo quedé mirando durante unos instantes, a mí nunca me había llamado joven ama, o algo por el estilo, simplemente señorita… No sé si me dio envidia o aun más rabia por afirmar que era su amo.

-Vaya, vaya esto se va a poner muy interesante ¿verdad Sebas-chan…?

-Deje de llamarse así... ¿Qué hacen todos ustedes aquí?

-Veníamos a hablar con la señorita- El hombre vestido con traje negro y gafas se acercó a mí, de ojos verdes y muy extraños.- Es usted Karen, ¿verdad? Sí no hay duda, ese demonio se metió en nuestro camino y ahora todo está extraño.

-¿Qué?- no tenía idea de lo que me estaban hablando.

-Wil, no creo que éste sea el mejor momento para hablar de eso… su ficha estaba extraña deberías a haber notado algo raro e imaginarte que algo así pasaría, no había hora determinada.

-¿Hora determinada? ¿De qué estáis hablando Grell?

-Hola, señorita- aquella voz de nuevo, tan extraña, como rasgada, como si cada palabra fuera quizá la última, esa voz grave y rasgada…  ¿Quién era?- Me alegra mucho que esté bien, ¿verdad Conde? Sería un problema y ella desaparece sin más. Pobre mayordomo…- se rió después de eso…

-Voy a ducharme en un momento, prepárame un té y después aclararemos unas cuantas cosas…

-En seguida.

-Supongo que… Podéis poneos cómodos, estáis en casa… enseguida bajo…- Subí aquellas escaleras y me cogí el pijama, me di una ducha para quitarme el olor a humo y olvidar todo lo que me había tocado y tras lavé la cara después me desmaquillé un poco y bajé.

-El té está listo.

-Gracias, ¿Kuro tiene agua? Está lamiendo otra vez la botella del suelo…

-Ahora mismo le pongo más agua, los asientos están cogidos ¿Quiere una silla?

-Sí,- hice una pausa esperando a que la llevase y me senté frente al sillón grande dándonos todos las caras.- Tengo varias preguntas… Primero ¿Qué son…?

-Quién ha dicho que tiene permiso para hablar, aquí la única que no pinta nada es usted.

-Si no te callas te enviaré a tu cuarto castigado, niño.- lo miré con tremendo odio y mucha superioridad, en ese momento sus ojos se iluminaron y debí entenderlo como una amenaza, pero simplemente relajé mi rostro- Asique tu también eres un demonio… ¿No se supone que debiste haberte comido su alma antes?

-Hubo una serie de complicaciones y acabó así.- Se apoyó en el respaldo de mi silla mi me miró desde arriba

-Qué mala suerte ¿no?- bebí un poco del té- Como iba diciendo, y si el pequeño conde me lo permite, ¿Qué son los shinigamis? Esos demonios lo mencionaron.

-Los Shinigamis somos los Dioses se la muerte, somos aquellos que recogemos las almas de los que deben morir- dijo Grell

-Sí, su alma debería estar con las demás desde aquella noche que la atacó ese hombre la noche que ése demonio apareció y la salvó.

Aquello fue como una patada en la cara, muy desagradable y algo que no te esperas, me cortó de golpe el trago del té y miré hacia Sebastian desde abajo.

-Pues muchas gracias Sebas-chan… - le dije con una sonrisa y verdaderamente agradecida.

-¿Se-sebas-chan? Por favor señorita no empiece usted también con eso… Además yo sólo salvé lo que me pertenecía Señorita; su alma.

-Qué cruel que eres… "Sebas-chan" es tu castigo por hacerme esperar tanto… Casi me muero otra vez ahí dentro… Otra cosa ¿quiénes sois vosotros? Quiero decir, por lo que habéis dicho supongo que tanto Grell como Will sois Shinigamis, pero… ¿él?, por cierto ¿cual es tu nombre?- le dije de nuevo indiferentemente dirigiéndome al niño demonio.

-Mi nombre es Ciel Phantomhive, y para ti soy un conde.

-Pero estás muerto… O sea eres un demonio… ¿Cuánto tiempo llevas así?

-Desde 1889. Y por cierto, no soy un niño, soy un adulto. El cabeza de los Phantomhive y el único que queda con vida

-¿13 años? Sebastian eres un pervertido…

-Usted no está en posición de decir eso tampoco, además yo no hice nada.- Aquella primera parte me dejó helada en la silla, de pronto quería morir de vergüenza y desaparecer, pero me relajé cuando continuó hablando. Después noté como inclinaba mi cuello para ver si había algo en mi cuello.

-¿Qué pasa?

-Nada, todo está bien. Joven amo, el gato es su animal de compañía y dudo mucho que la alergia le afecte ahora- estaba sonriendo mucho, como solía hacer cuando tenía la razón y todas las de ganar

-No se preocupe por mí, Señorita, yo no le haré nada, está en una posición muy divertida, no voy a perderme esto, además el conde también ha sido siempre muy divertido, ese mayordomo tiene buen gusto. Puede llamarme Undertaker.

-¿Te dedicas a hacer autopsias y enterrar gente?- le dije con desconfianza. Me sentía algo incómoda al saber eso y ver como él se llevaba un dedo a la boca y sonreía apaciblemente como si aquello le excitara un montón.

Después de estar allí un rato y hablar un poco más con todos llegué a la conclusión que Grell estaba en un mar de amor entre Sebastian y Will, incluso con Undertaker… Acabé riéndome después de haber tenido aquella noche tan desastrosa y me di cuenta que mi cuerpo estaba de verdad muy cansado. Me fui a dormir, cuando Sebastian me detuvo en la escalera.

-Señorita he preparado su habitación para el joven amo, quédese en mi habitación si no le importa.

-Esta bien…- dije resignada, no tenía ganas de discutir, dejé la puerta mínimamente abierta y oí un poco aquella continuación de la conversación sin mí.

-¿Por qué salvaste a alguien como ella, Sebastian?
-Me recordó a usted, Bocchan. Estaba indefensa y me llamó la atención, no imaginé que me encontraría con demonios.

-Ella es interesante, se parece a usted Conde, pero sigue siendo una mujer con esas dos caras, la que es capaz de dominar a un demonio, y la joven que disfruta de su vida. Ella mantendrá su alma intacta hasta el día en que ese demonio la reclame…- volvió a reírse- ¿No lo cree así mayordomo?

-Exactamente… Su alma es bastante preciada para mí

-Aun así, ¿qué clase de trato hiciste con ella? Y no sólo eso, sigo esperado una explicación del por qué no….

Sólo pude entender a duras penas hasta ahí, después de aquello todo desapareció. Más adelante sentí la presencia de alguien en el cuarto y como suevamente intentaba  moverme hacia un lado de la cama mientras muy despacio me hablaba con cariño, ¿Sebas… tian? Creí sentir un beso en la mejilla y una leve sonrisa…

jueves, 4 de agosto de 2011

Kuroshitsuji XIV


-¿Muerto? Ya ves que no, estúpido demonio.

-Lo siento mucho.

-Aun así, una orden directa de una mujer como ella, ¿acaso es un nuevo contrato?

-Me pertenece.- dije recostándome en ese sillón en el que estaba sentada.

-Ya veo ¿Cuál es su deseo? Quizá yo pueda cumplirlo y acabar con esto.- Ese niño hablaba como si pudiera hacer grandes cosas.

-Eso no será posible, Conde, me temo que mi deseo es algo más complejo para cumplirlo en un breve periodo de tiempo.

-¿Y bien Sebastian de qué se trata?

-No contestes, te prohíbo que le hables de nuestro contrato. Después de esto, no sé si la fiesta ha terminado para mí o desea que siga en esta sala mientras un niño se complace con su juguete…- Estaba irradiando odio y ganas de matarle, pero no iba a caer bajo el juego del niño, estaba seria, pero no mostraba ni un ápice de lo que sentía; bendito trabajo.

-Por favor disfrute de lo que quede de fiesta…- giró la mirada hacia Sebastian y de pronto las luces se apagaron, se oyeron gritos y cristales que se rompían, Grell entró por la puerta gritando que había aparecido un demonio. El Conde miró a Sebastian y se fue con Grell a ver que había pasado. Después uno entro en la habitación e impidiéndome gritar se quedó tras de mí tapándome la boca y cogiéndome desde atrás para inmovilizare, con aquella sensación puntiaguda en mi garganta, esa sensación  esa uña resbalando por un garganta a penas rozándola, ya la había sentido; intenté desde lo más profundo llamar a Sebastian pero cuando él apareció en la sala yo estaba saliendo de allí y ese niño le prohibió que me siguiera.

Supongo que mi cara de desesperación hizo que hasta Grell se preocupas un poco por aquello. Cuando salí de allí había otro más que se le unió y en algún momento del viaje perdí el conocimiento.

Me desperté en una habitación que no conocía, con pequeñas ventanas, posiblemente un sótano, pero bien acondicionado. Estaba sobre una cama, con un camisón y el vestido azul intacto arropándome. Me incorporé y vi en una mesa algo de comida, un pastel y un té o algo así… probé el pastel y bebí un poco de té. Si estuviera envenenado hubiera muerto, pero la verdad es que estaba muy bueno, me recordaba a los que hacía Sebastian de vez en cuando. Intenté salir de la habitación pero una cadena me sujetaba el pie, no se si antes cuando me desperté, el caso es que no podía separarme más de dos metros de la cama. La escalera se quedaba a pocos centímetros. Me quedé allí de pie un rato mirando a la puerta.

-Vaya… así que estás aquí, qué mala suerte.

-Grell… ¿Qué qué estás haciendo aquí?

-Trabajar, y por lo que veo no puedes salir, qué raro no estás en la lista. Bueno, con suerte no tendré que decirle a Sebas-chan que has muerto…

-¿¡Qué!?- Pero no me contestó; salió por la puerta y me ignoró, entonces me llegó el olor a quemado, algo se quemaba, había algo de humo en la habitación superior, se estaba colando por la puerta y sin pensarlo saqué la sabana de la cama y envolví el vestido y me tapé la cara.

-¿Qué hacemos con ella?

-Baja y cierra la puerta.

Aquellos dos aparecieron delante de mí. Eran iguales, eran dos demonios, cabello muy oscuro, vestidos de traje y con los ojos llenos de desesperación y triunfo.

-Nos recuerdas ¿verdad?

-Esta vez no le salvará, está habitación está muy lejos, y al parecer no va a venir a por usted, y aunque viniera, está vez él sería quien morirá. Se acuerda, ¿verdad? Ese demonio que se le acompañó, ese demonio mató a nuestro señor.

-Sí y no pudimos recoger su alma, esos shinigamis se a llevaron.

-¿Shinigamis…?

-Sí, pero no se preocupes, el señor tenía buen gusto, es preciosa aun habiendo pasado cuatro años.- Estaba muy cerca me acariciaba la cara y el cabello

-Por supuesto es actriz, te dije que era ella, empezó a triunfar gracias a él, nosotros haríamos lo que fuera, nosotros haríamos lo que fuera a cambio de su alma, mi reina.

-Sí, a cambio de la vida del señor, denos usted, como era su deseo, su alma, para que al menos descanse  tranquilamente. Ya sabe como va esto de los deseos, cualquier cosa a cambio de su alma.

Tenían una excelente compenetración y no podía distinguirlos, simplemente uno estaba más cerca y el otro seguía al pie de las escaleras. Pero pronto también se acercó a mí.

-Esos estúpidos humanos, un incendio... deberíamos llevarla lejos de aquí.

-Te dije que este lugar no me gustaba

-No empieces, ya está hecho, ahora es solo cuestión de tiempo.

”Sebastian” Empecé a nombrarle en mis pensamientos, a coger con mi mano izquierda el contrato de mi cadera y la aferré con fuerza. “Sebastian ven”

-¿Y dónde la llevamos? Las llamas están entrando a este piso

-Eso no importa nosotros no moriremos pero si ella sigue aquí si lo hará

-¡¡Wiiiiil!! Voy a necesitar ayuda aquí- Grell gritaba

-Grell, Sebastian… Sacadme de aquí…- Otra vez impotencia, otra vez esa sensación de no servir para nada, inseguridad miedo. Eran cosas que Sebastian había apartado de mí desde que apareció. La sensación de poder morir en cualquier momento se había desvanecido porque era él quien tenía que acabar con mi vida, él sería quien me robase el alma, sólo él.

-¡¡SEBASTIAN ES UNA ORDEN, VEN!!- no podía soportarlo

-No me gusta que otros demonios toquen a mi señorita… Cuanto tiempo sin verlos, al parecer tenemos una cuenta pendiente… ¿Cuál de vosotros fue quien entró aquella noche en la habitación de la señorita? No tengo mucho tiempo y no soy muy paciente.

Sebastian llevaba consigo un arma que no había visto nunca, una espada del color del jade, ambos demonios retrocedieron acercándose a mí, como si intentaras protegerme de él. Pero yo quería ir con él.

-Y para colmo le habéis quitado con esas sucias manos el vestido y le habéis puesto un horrible camisón… ¿Y ustedes quieren se creen mayordomos?

-Ella nos pertenece, nuestro amo quería que fuera suya y entonces apareciste estropeándolo todo. Ese niño Ciel Phgantomhive, su alma debería haberte saciado.

-Eso no es de su incumbencia, dejadla libre, ella tiene un contrato conmigo, su alma me pertenece. Ella me pertenece. Si no quieren morir...

-Sebas-chan sal de aquí esto se va a desplomar.- Grell abrió la puerta y le gritó antes de salir lanzándole otro beso.

-Por favor deje de hacer ese tipo de cosas repugnantes, Grell-san

-Que frío eres, me encanta…

-Ya lo han oído, no tengo tiempo.

Bajó las escaleras y sin el menor esfuerzo mientras se preparaban para atacar atravesó el corazón de uno de ellos. Después miró al otro y le provocó bastantes heridas, después le cortó la cabeza

-No vuelva a interrumpir el sueño de una dama.- le dijo al último, quién era aquel que me había tocado, posiblemente ambas veces.

Cortó la cadena y me sentí libre, cogió la sábana con el traje envuelto y me lancé a sus brazos, me abrazó y me llevó como si se tratara de una novia fuera de la casa. Aprovechó la sábana para colocarlo cómodamente a su espalda y mientras aquellas cálidas lágrimas salían de mis ojos cayendo es su traje de mayordomo le decía que había llegado muy tarde, y que no se lo perdonaría.

-Lo siento señorita, permítame compensarla una vez estemos de nuevo en casa, de momento lleve esto consigo, es bastante peligroso para mí así pues, por favor no lo acerque demasiado, podría morir.-

Solté su cuello para sujetar aquella espada. Me acomodé entre su regazo y sus brazos y simplemente me dejé llevar por él hasta que llegamos a casa.

-Sebastian, ¿Qué hace este gato aquí? Sabes que soy alérgico.

martes, 2 de agosto de 2011

Kuroshitsuji XIII



Me quedé mirando su cuerpo y poco a poco me colé en la parte de dentro de la cama, me acosté de espaldas a él y me acurruqué en mí misma. Me daba mucha vergüenza hablar de aquello pero tenía que resolver aquella duda que me torturaba.

-… Aquella noche en la que pasó ESO… Me dijiste que no sentías placer, pero…- sentía que, aun a pesar de la oscuridad de la habitación, estaba roja, tenía calor y sentía mucha vergüenza.- … pero yo… yo…

Sentí una de sus manos deslizarse por mi cintura y pegarse a la altura de mi pecho mientras cogía ambas de mis manos y se acercaba a mí.

-¿Desea una de esas noches?

-¡No es eso!- dije alterada- es que… no sé, fue raro; parecía que tu estabas… -dios mío, no podía hablar con él de ese tema, sentía que podía, de nuevo, crear un motivo para que el se aprovechara y volviera a apoderarse de mí.

-¿Excitado?- preguntó acercándose a mí oído y mirándome, ligeramente levantado, con aquellos ojos. Me giré instintivamente para buscar aquella mirada y afirmé con un leve movimiento de cabeza.

-Usted alcanzó el éxtasis y por un momento pensé que el alma que tanta ansia espero iba a abandonar este cuerpo y salir para que fuera solo mía. Nunca había sentido un alma tan a flor de piel.

-Es un orgasmo sin más…- le dije apartando la mirada aun más roja y desinteresadamente.- Además dudo mucho que sea la primera vez que te acuestas con una mujer- lo oí sonreír

-Eso no significa nada.

¿Qué quería decir eso exactamente? Pero cuando iba a preguntarle se dejó caer de nuevo en la cama y me dio las buenas noches dándome a entender que no quería hablar más. Posiblemente él también había hablado  por su parte más de la cuenta, tanto que de alguna manera me hizo tener una leve esperanza de algo.

La siguiente semana tuvimos una actuación el jueves y en mis ratos libres fui a la exposición para acabar el retrato, y sin apenas darme cuenta, me estaba arreglando para ir a aquella fiesta del conde. Conseguí que el director me dejara un vestido de la compañía: uno con dos tonos de azul, eléctrico y uno más oscuro, con detalles en negro, unas botas en azul eléctrico y negro, y unos guantes también negros. Era uno de esos vestidos de culo pomposo, pero al parecer era lo más apropiado; con escote cuadrado y manga corta… Iba a pasar mucho calor. Sebastian me ayudo con el corsé, le pedí que pudiera respirar y tragar, estaba apretándolo mucho;  y me ayudó a ponerme esa cosa tan complicada.

-Tiene suerte de que haya vivido tanto tiempo, señorita, sería muy gracioso que se perdiera dentro de un vestido.

-Ni que fuera tan difícil, teniendo en cuenta este vestido…

-Ahora debo irme  un momento, si no le importa la peinaré y debo marchar para arreglarme.- dijo tras haberme puesto el vestido y mientras lo abrochaba

-¿Peinarme? ¿A arreglarte?

-¿Tiene algún acompañante?

-¿Quién te ha pedido que lo seas…?- Simplemente sonrió y desapareció…- Maldito demonio…

-Le estoy oyendo señorita, suba a su habitación por favor.

Me sorprendí de oír su voz y subí resignada las escaleras, me puse las botas mientras me peinaba; no tenía ni idea que pudiera hacer eso. No se como lo hizo me cogió el pelo aun lado e hizo como una coleta pero que cayera por mi parte derecha, me onduló el pelo y me bañó en laca. Cuando fui a hablarle había desaparecido, me maquillé un poco, al estilo actual y me bajé al sofá a esperar a Grell.

A las 20.30 Grell llegó tocando al timbre, le abrí la puerta… Me encontré a un hombre... con esas gafas suyas rojas con una coleta y un par de mechones sueltos, y… llevaba puesto un vestido rojo pasión con unas rosas negras…

-Grell, tú… ¿tú eres un hombre con complejos verdad?- le pregunté extrañada.

-¡Ah! Yo siempre quise ser una mujer, y hacer de Sebas-chan mi hombre… niaaaa, por cierto ¿dónde está?

-No tardará en llegar, supongo…

-Llegaremos tarde, ¿no te importa verdad?-

Lo miré mientras me decía eso... ¿Qué clase de pregunta era esa? Sólo le importaba su Sebas-chan, pero en cierto modo me gustaba ese tipo, era muy raro, y evidentemente un hombre con complejo de mujer, pero he de decir que el vestido le quedaba genial y por algún motivo entendía parte de esa personalidad o ser o... lo que fuera. 

Kuro se acerco a mí pidiéndome comida, le puse también agua y en eso la estrella de la noche, por que evidentemente yo no era nadie; llegó. Vestía más elegante que de costumbre, una camisa blanca, unos pantalones de vestir, un pañuelo a conjunto con mi vestido atado al cuello, y una chaqueta que le llegaba por las rodillas, unas gafas muy finas y rectangulares y como dato curioso se había apartado el mechón de la izquierda detrás de la oreja.

Grell le saltó a los brazos y éste simplemente lo esquivó acercándose a mí y acompañándome a la salida. Cerró la puerta, y me ayudó a entrar en el coche de caballos. Me quedé patidifusa cuando vi eso en la puerta de mi casa. El trayecto fue muy silencioso y cuando llegamos, Sebastian me paró un segundo antes de bajar del coche.

-Si algo inesperado ocurre, no se separe de mí. Quédese dónde pueda verla. Si no me ve llámeme.

-Está bien…

Él bajó primero y después me ayudó a mí, muy elegante, como siempre, nada más girarse para ayudarme a bajar ya había llamado la atención de la gente, me sentí por unos momentos muy afortunada, luego pensé en que ese hombre iba a matarme y se me pasó; pero el caso es que todo el mundo le miraba a él con deseo y a mí con 'un poco' de odio.

Entramos, había muchísima gente, la mansión era enorme y preciosa, todo el mundo rumoreaba cosas sobre la fiesta y sobre el anfitrión, pero no pude deducir nada, simplemente que parecía ser muy joven y sin familia. Me aparté un momento de Sebastian harta de miradas afiladas y traicioneras y me encontré con un tipo muy raro. Estaba hablando algo del conde pero estaba solo. Vestía todo de negro, con un sombrero de copa que caía hacia atrás, su cabello y uñas largas, cabello muy claro y grisáceo y uñas negras… piel pálida bastante alto… Me dio muy mal royo. Se acercó a mí y se inclinó para hablarme.

-Asique ese mayordomo tan curioso le pertenece ahora… Qué divertido.

Cuando fui a decirle algo se fue, como si con él no fuese la cosa. Segunda vez que alguien actuaba de esa manera. ¿Qué tipos más raros había en esta fiesta? Bueno sólo Grell y este hombre, los demás eran o parecían normales. Un niño se acercó a mí.

-¿Le importaría venir conmigo a un lugar más privado?

Era un niño monísimo, de cabello oscuro y mirada fría, muy educado, vestía con unos pantalones azules por encima de la rodilla unos zapatos y una chaqueta también azul. Me ofreció su mano para que me guiara y la acepté con una sonrisa, por algún motivo cuando toqué su mano, mi mirada se clavó en Sebastian y nos siguió. Me llevó a una sala apartada y me sentó en un sofá, Sebastian se había colado y miraba la situación.

-Muéstrate Sebastian, no puedes esconderte de mí.

-Lo siento mucho, he sido un poco descortés; aunque usted tampoco me ha saludado después de tanto tiempo…

-Más tarde hablaré contigo de conducta, por el momento, le he traído aquí señorita por que quiero pedirle que me devuelva  mi mayordomo.

-¿Perdón?- aquello fue una bofetada en la cara a traición.

-No se altere,- no lo estaba, almeno no lo mostraba- he de decir que me gustan sus actuaciones y me honra que haya terminado aceptado la invitación, pero mi verdadero motivo era que me devuelva a Sebastian, mi mayordomo. ¿No es así?

Él se inclinó ante él y con un rostro un tanto dolido se quedó a su lado.

-¿Este era el motivo por el cual no querías que viniera, Sebastian? Y supongo que este niño es el Conde Phantomhive. ¿De qué te sorprendiste pues al leer la carta?

-No tienes que contestar, Sebastian- dijo el niño despreocupado

-Es una orden.- dije molesta.

-Sebas-chan, pensaba que me habías abandonado… ¡Ho! Parece que interrumpo algo, será mejor que me vaya, Sebas-chan avísame cuando estés libre, estaré esperando a que me saques a bailar. Muaa- le lanzó un beso desde la puerta y desapareció tras ella

-Bocchan, lo siento le estuve buscando pero no le encontré, el contrato no funcionaba, no sabía dónde estaba, pensé que estaba muerto.

martes, 26 de julio de 2011

Kuroshitsuji XII



Y a la mañana siguiente me levantó a las 9.30, preparó el desayuno y me lo sirvió en cuanto bajé; sin errores, como le había dicho. Vi que la mochila estaba a un lado de la puerta, a reventar. Me había dejado un bolso bastante grande, seguramente con la merienda, y posiblemente mi cartera y documentación y las cosas que solía llevar en el bolso. Me quedé unos minutos después de desayunar viendo las noticias hasta que me llamó diciéndome que llegaría tarde, cogió las llaves del coche y se fue hacia el garaje…

Cuando llegamos a la puerta todos estaban reunidos allí, pero fuera. Me acerqué mientras Sebastian abría el maletero y sacaba la mochila con los trajes, me acerqué y pregunté qué pasaba.

-Parece que Max no ha llegado aun…- El director de nuevo llegando tarde… era él quien siempre quería todo perfecto. Sebastian dejó la mochila en el suelo a mi lado y se quedó a mi lado.

-¿Quiere que vaya a buscarlo?- me susurró Sebastian al oído.

-No, vendrá pronto. Siempre hace lo mismo.-hice una pausa y me giré hacia él- Ya puedes volver a casa Sebastian.

-Esa mochila pesa mucho señorita, permíteme que la entre.

Todas las chicas de la compañía me pidieron que lo dejara, simplemente por que eso también les permitía verlo durante unos segundos más. Cuando dejó aquello Max lo miró de arriba abajo. Y le dijo que podría ofrecerle un buen trabajo y papeles, y que con su porte y físico podría llegar muy lejos. Todo eso mientras los demás nos poníamos cómodos para el ensayo. Joe, el actor que compartía protagonismo conmigo me miró y me preguntó tímidamente de qué lo conocía.

-Trabaja para mí… -le dije con gesto cansado y mirando aquella situación, esperando una reacción que me dijera que Sebastian seguía interesado en el trato que hicimos.

-Lo siento pero ahora mismo no me interesa.-me dedicó una mirada complaciendo mi pequeña duda, me impulsé para erguirme y sibí al escenario.

-¿Cogiste la entrada de mi mochila?- me respondió afirmativamente y se despidió al tiempo que yo levantaba la mano y la movía hacia los lados débilmente.

Una avalancha de quejas por mi descuidado trato con ese hombre me empezó a molestar, seguramente Sebastian se estaba riendo desde fuera con todo aquello; asique me giré y les miré de manera indiferente.

-Si le trato así es por que él lo quiere- Todas me miraron de manera muy extraña y una de ellas me preguntó si acaso era masoca o le gustaba sentirse por debajo de los demás… me quedé en silencio pensando por un momento…- Pues creo que no…- sentí como un calor extraño me invadía asique me giré rápidamente y me quedé esperando en el escenario a que todo empezara.

Pero sabía que aquellas palabras de alguna manera le dolerían a Joe. Él se esforzaba por ser amable con todas por igual, se llevaba bien con todo el mundo, pero todas sabían yo le gustaba. Incluso yo lo sabía. Sebastian estaría riéndose de mí toda la eternidad.

Paramos para comer, y tras el último ensayo de la tarde, que fue muy rápido, los nervios aumentaron cuando la gente empezó a maquillarse y vestirse. Cuando todos estábamos listos me quedé en las escaleras del escenario, tal dónde debía estar, de pronto todas se pelearon por colocar a Sebastian en un buen sitio… Me acerqué a él, aunque no debía.

-Permítame que sea yo quien lo acompañe…- le dije inclinándome ante él.-Permítame ver su entrada, por favor- me cedió la entrada y lo acompañé a su lugar.- Me fui hacia las demás- Señoritas compórtense… la obra está apunto de empezar.

Parecían estar encantadas sólo por haberlo tocado o intercambiar algunas palabras, volvía a mi sitio y segundos después empezó la obra.

“Una heroína oculta en las sobras de la realeza contra los hombres que se aprovechaban de ellas, hasta que uno de esos hombres debía ser mi prometido, me negué, me escapé y sólo gracias a la tremenda interpretación de un príncipe azul que vino a rescatarme para batirse en duelo y ganar, puesto que mi identidad corría peligro, me saló del tirano”. Historias así ya no se veían en los teatros, pero a nuestro director siempre le gustaban las obras ambientadas en el s.XVI hasta el XIII. Fue un éxito.

Tras cambiarnos se nos dio el horario del siguiente mes de actuaciones. Tal como me había dicho el viernes no había obra. Me pregunté por qué tenía tantas ganas de ir a esa fiesta, y después vinieron todas las dudas que tenía… Supongo que no había un motivo exacto simplemente sentía que si iba, aprendería muchas cosas, para bien o para mal, de dónde me había metido por hacer ese trato con un demonio.

Nos quedamos un buen rato en el escenario tras la obra para hablar sobre la actuación. Sebastian estaba en una esquina esperando a que terminara para salir; sentía cómo me miraba, mi comportamiento, si relación con los demás, mi sonrisa, mi alegría al estar con aquellas personas. ¿Podría sentir también como me sentía? Las chicas lo llamaron para que se acercara y le pidieron su dirección o su número de teléfono, si estaba soltero, comprometido… Me quedé con los chicos mirándolas.

-Desde luego tienen buen gusto. ¿De qué lo conoces?- ¿Cuantas veces iban a preguntarme eso?

No respondí. Sebastian respondió por mí y creo un ambiente muy… desagradable para mí.

-¿Vi-vives con él?- me preguntaron todos.

-Está bien así, de otro modo no podría trabajar adecuadamente para ella. Además me temo que debemos irnos una visita inesperada está llegando y no creo que debamos dejarlo en casa sólo, podría destrozarla, otra vez.

-¿Otra vez…?- Me cogió la mochila y me llevó hasta el coche, me despedí de todos con una sonrisa y me gritaron que lo llevara más a menudo.

-De ninguna manera, solamente os distraería.- les dije mientras me despedía con la mano y les sonreía.

De camino a casa él me dijo mucho halagos, he incluso le permití que me dijera algunos errores, una crítica constructiva siempre staba bien. Pero sentía que no le hacía caso, que simplemente escuchaba su voz y eso me bastaba. Él me había visto mentir de aquella manera a mis amigos, a mis compañeros, fingir sobre que no pasaba nada, que podíamos ser tal para cual; y no era así.

-No debería preocuparse por eso, no soy del tipo de persona que dice algo como esto, pero, usted no se da cuenta que es usted misma siempre, incluso cuando actúa su personalidad sigue estando muy presente en el escenario.

-¿Eso es bueno o malo?- entendía su razonamiento, y supongo que quise creer que era cierto.

-Depende.

Después no me dijo nada más, aquellas palabras se repetían en mi cabeza, y cuando llegué a casa vi aquella cabellera roja. Y me sentí de golpe treinta veces más cansadas, a la par vi que Kuro salía de detrás del mueble de la tele.

-¿Sebastian puedes mirar si ha escondido algo por ahí detrás?- dije mientras lo cogía y me iba  ver su plato con la comida.- Y ten cuidado… hay millones de cables enredados…

-Si me dejara echar un vistazo por detrás resolvería ESE problema.- Sentía que los calores volvían, y vi que a Grell y a mí se nos caía un hilo de sangre por la nariz… él me miró y yo lo miré…- ¿Qué están pensando los dos?

-Nada. Dijimos a unísono.

-… Están mintiendo verdad Grell-san- se acercó provocativamente a él.

-Sebas-chan está bien que hagamos esto delante de ella.

-No os cortéis, después de ver ese beso me pregunto si eres capaz de hacer algo más…- le dije mientras mimaba a Kuro. Sebastian me miró con infinito odio y Grell empezó a quejarse y a seguir con el juego de Sebastian, que él cortó en seguida. Me reí de la situación. Me puse el pijama y bajé para decirle a Grell que la respuesta era sí. Iría a esa fiesta y no había más que decir. Él desapareció de nuevo, me impactó de nuevo, pero me iba acostumbrando.

Tal como pensaba Kuro había escondido comida. Sebastian se me quedó mirando tras acabar con su tarea y se sentó frente a mí en la mesa.

-Tú estarás allí, estoy siendo yo misma, además no tienes ni voz y voto para decidir mis acciones. Nunca te has metido en ninguna de las decisiones aunque sabía que no te gustaran, ¿por qué ahora de repente eres tan protector? La excusa de mi alma no cuela más.- intenté que entendiera mi punto de vista

Pero no me respondió, simplemente se levantó de la mesa y se inclino diciendo que estaba bien, que él lo había intentado, si era lo que quería podía seguir adelante, que no le importaba y que si quería algo más que lo llamara. Me fui a mi habitación y me quedé pensando toda la noche en eso último que había pasado… Bajé las escaleras harta de dar vueltas en la cama, abrí la puerta de su habitación y me senté en el borde de la cama.

-¿Te importa si me quedo esta noche aquí? No puedo dormir- Sin abrir los ojos se hizo a un lado y me dejó pasar sonriendo.

miércoles, 20 de julio de 2011

Kuroshitsuji XI


Estaba furiosa por no saber exactamente qué pasaba y Sebastian no ayudaba en nada. Al día siguiente llamé a Claudia por la mañana y por la tarde en el ensayo nos repartieron las entradas. Por un momento me pregunté si con todo lo que estaba pasando de verdad él quería venir a verme actuar, o simplemente seguir en mi casa. Pero no era el lugar para poner a pensar en aquello. El director nos habló sobre el espectáculo y la ambientación de la sala antes de empezar, a partir de entonces pasaron dos cosas: Sebastian y yo evitamos toda clase de tertulias, que acababan en discusión, sobre la fiesta y terminamos la semana ensayando todo, desde la obra hasta qué debíamos hacer cuando alguien entrara en la sala.

Llegó mi día libre antes de la obra. El viernes había amanecido con un bonito sol resplandeciente y lleno de vitalidad. Oí a Grell quejarse por que aun no habíamos contestado seriamente a la proposición del conde y Sebastian se había encargado de evitarlo y echarlo por mí. Me levanté, me duché y bajé a por mi desayuno.

-¡Oh! Buenos días, señorita, estaba a punto de ir a despertarla. Hoy es su día libre, ¿no?

-Sí, he quedado con Claudia a las 10, ayúdame ahora a subir los cuadros al coche.

-En seguida.

Me tomé un café y un par de tostadas con aceite. Me quedé un rato mirando las noticias de la mañana y al dirigir la mirada al reloj que había en la cocina me puse en pie y empezamos a cargar cuadros en el coche. Le puse comida y agua a Kuro y me despedí de él.

-Sebastian, si no vengo a comer te llamaré.

-Como desee.

Era muy fácil hablar con él, era más comprensivo que cualquier hombre humano, simplemente le importaba más bien poco qué hiciera mientras mi alma y cuerpo estuvieran a salvo. No le importaba si coqueteaban conmigo o coqueteaba con alguien, si le gastabas bromas a quien fuera si llegaba tarde o me quedaba media hora hablando con quien fuera. Él estaba bajo mi orden, yo era su ley. Podía ser fría hoy y mañana deshacerme en sus brazos. Él seguiría estando ahí para mí siempre.

Por primera vez en bastante tiempo me dejó ir sola, él tenía que limpiar la casa y hacer algunos recados… Recados que yo no le había mandado, por lo que me imaginé que iría a esa casa a preguntar por el Conde o algo por el estilo. Lo miré y simplemente me senté en el sillón del piloto, arreglé los espejos y el asiento y me fui. Conseguí aparcar delante de la puerta y llamé a Claudia para que me ayudara y juntas sacamos todos los cuadros, los dejamos dentro de la sala y estuvimos discutiendo sobre cómo organizar la sala; ella también tenía algunos cuadros, y de repente, vio el que estaba a medias, me lanzó una mirada de infinito odio y rechazo y me preguntó que había pasado.

-Creí que sería interesante que la gente viera como dibujo. Tengo pensado acabarlo aquí mañana.

-¿Estás segura que te dará tiempo?- preguntó repartiendo miradas hacia el lienzo y hacia mí.

-Sí, de hecho ahora quiero dibujar un poco más, seguramente haga un boceto rápido para acabarlo en una hora más o menos.

-¿Entonces este no lo vas a colgar?- me preguntó definitivamente

-No, lo dejaré en el caballete.

Sin darnos cuenta de la hora, nos avisaron que era la una del medio día y que iban a cerrar. Nos miramos y me adelanté preguntando a qué hora abrirían por la tarde. Llamé a Sebatian para decirle que nos quedábamos por allí cerca a comer y que a las 5 de la tarde viniera para ayudarnos con las esculturas de Claudia.

Ella me dijo que tenía muchas ganas de conocer a Sebastian, me dijo que tenía una voz muy sexy y que parecía un hombre de ensueño. Y sé que no le defraudó cuando, después de estar toda la comida hablando de él, lo vio llegar caminando con una camisa de manga corta blanca con letras y dibujitos y unos vaqueros negros. Desde luego aquel demonio iba levantando pasiones, hasta las adolescentes se giraban para volverlo mirar de arriba a abajo.

-No sé como puedes vivir con un hombre así en tu casa... si yo fuera tú me lo tiraría todas las noches.- Sé que me puse roja, pero ella no lo vio, no apartó la mirada de él. Me alejé un poco y le sonreí nerviosa. 

Después de las presentaciones, Claudia se lanzó al cuello de Sebastian y atacó sin piedad

-¿Oye tienes novia?- Yo estaba unos metros alejadas de ellos haciendo el retrato cuando escuché aquella pregunta, me paré y me asomé hacia la parte izquierda del lienzo con cuidado para saber qué iba a contestar.

-¿Novia? Me temo que no, ahora mismo sólo estoy interesado en la señorita- Estaba sonriendo… Pero esa frase le hizo pensar cosas incorrectas a Claudia que siguió preguntando cosas sobre él y sobre mí que a él le gustaran.

-Ella es una buena actriz y tiene un gran talento, es perezosa y a veces algo cabezona, pero es una gran persona, siempre alegre. No quiere que nadie se preocupe por ella.

Me negué a hablar de lo dicho o acontecido en aquel momento, me negué a hablar de mí misma o a hacer el menor comentario de su opinión, simplemente continué dibujando.

-¿Sebastian me has traído lo que te dije?- me contestó mientras avanzaba hacia mí y me entregaba su foto en mano.

-Y aquí una pinza para sujetarla.- Su sonrisa era pícara, siempre la había sido, pero definitivamente aquella vez era claramente visible. Cuando me fijé en la imagen, el contrato de Sebastian había desaparecido, lo miré y le sonreí.

-Buen trabajo.-

Cuando terminé de hacer todo el contorno del dibujo, que me llevó toda la tarde, miramos la exposición en general, y todo había quedado perfecto; eran las 7.30pm. Teníamos tiempo de sobra ir a arreglarnos. Sebastian se fue primero diciendo que tenía cosas que hacer y yo me llevé el coche de nuevo a casa. Quedamos a las 8.50 en la puerta para abrir a los invitados. Cuando llegué a casa él no estaba. Me metí de nuevo en la ducha y me cambié. Me puse un vestido corto marrón, negro y blanco, la falta estaba compuesta por volantes de unos 5 ó 6 centímetros de ancho hasta la mitad del muslo; me puse unos tacones que tenían unas cintas para abrocharlos a lo largo del gemelo y me hice un moño  que se sostenía con unos palos chinos con flequillo y un par de mechones, me pinté y cogí un bolso de vestir. Yo estaba lista, pero ¿y Sebastian?
Bajé las escaleras y vi que eran y media, en 5 minutos tenía que irme y fue sentarme en el sofá y subirse Kuro, tras su cena, cuando él apareció.

-¿Dónde has estado?

-Resolviendo unos asuntos para poder estar aquí esta noche.- me sorprendió que dijera eso. El caso es que abrió la puerta y me invitó a salir primero. Él iba de traje, pantalones de vestir, camisa blanca y chaqueta negra, se sentó en el coche y me miró. Después arrancó y fuimos hacia la sala.

Aparcar nos costó un poco más que esa misma mañana, pero bajé del coche y Sebastian se fue al parquin a dejarlo allí. Entramos primero nosotras dos, seguidas por los demás y los guiamos hasta la puerta, cada una abrió una puerta mientras dimos la bienvenida a todos. En seguida todos se esparcieron y vieron con detalle cada uno de los cuadros. Claudia se fue a explicar sus esculturas y a resolver dudas mientras yo me senté y continué con el dibujo de Sebastian, de repente su voz estaba tras de mí.

-¿Desde cuando llevas ahí?- le pregunté sin girarme

-Acabo de llegar, señorita. He de decirle que odio las máquinas del parquin, cada vez más complejas e inútiles.- sonreí al escuchar ese comentario.

-Por cierto, tu entrada está en la mochila de ensayo, acuérdate de sacarla mañana para llevártela…

-Lo haré en cuanto lleguemos a casa.

Después se quedó mirando atentamente como dibujaba. Él siempre estaba ocupado y nunca se había fijado en como lo hacía, no era diferente a otros, pero supongo que hasta los demonios tienen eso llamado curiosidad. Sin darme cuenta una multitud se había agrupado allí, incluida Claudia. Me sentía muy observada y a la vez me estaba muriendo de la vergüenza, pero no podía inmutarme. Entonces una niña rompió la tensión.

-¿Es usted, verdad señor?- la pequeña tiraba de una de las mangas de Sebastian y la miraba con los ojos iluminados

-¿Asique para eso contrataste a Sebastian, eh?-Claudia hizo que todo el mundo soltara algunas sonrisas y comentarios tras el suyo, simplemente sonreí y continué dibujando.

-Qué trabaje para mí no quiere decir que no pueda usarlo como modelo, como podéis observar es una gran inspiración para cualquiera que lo mire, ¿no?- entonces se hizo el silencio y fue Sebastian quien me sonrió.

-La próxima vez avíseme cuando vaya a dibujarme, señorita estaré dispuesto a posar en persona por usted.- alcé mi mirada para verle mientras terminaba de pronuncia ese “usted”. Realmente me lo planteé, no obstante sólo le contesté con un gracias.

Mucha gente se fue tras mirar un rato como dibujaba y picotear algo. Los demás nos quedamos hablando entre artistas hasta que llegó cerca de la una de la mañana, sólo quedábamos nosotros y decidimos seguir la charla en algún pub hasta que a las 2 Sebastian me secuestró y me llevó a casa.

“Mañana tiene ensayo a las 10” Me dijo antes de meterme en el baño, aproveché que me quité el maquillaje para ducharme y ahorrar tiempo mañana.

-Levántame a las 9.30  y ten preparada la mochila con el vestuario y el desayuno para entonces, lo mismo que hoy, prepárame unos bocadillos y algo para merendar. Hasta mañana.- le dije mientras iba del aseo por le pasillo a mi habitación.-Sebastian me  estaba siguiendo para asegurarse que me iba a dormir.

-Así será. Buenas noches, señorita.-dijo para cerrar tras de sí la puerta de mi cuarto

lunes, 11 de julio de 2011

Kuroshitsuji X


Después de esa conversación Sebastian y yo no nos volvimos a dirigir la palabra. Terminé de desayunar y me subí a prepararme la mochila para esa tarde de ensayo. No podía dejar de darle vueltas al asunto, ¿quién sería ese conde y qué era Grell exactamente? Todo a mi alrededor estaba transformándose de alguna manera en un aventura muy interesante. Por un momento pensé que debía ser perfecto, por fin mi vida tendría algo de emoción fuera del escenario, pero me imaginé que aquella aventura estaba cogiendo cierta forma desagradable también.

Cuando me preparé la bolsa fui a mi habitación y cogí algo de ropa para cambiarme. No quería quitarme esa camisa, pero… tampoco podía declararme de una manera tan fácil, lo de la otra noche fue simplemente sexo, algo que necesitaba sin más… Pero… pero tenía miedo de perder la cabeza por un demonio.

De pronto noté una mano sobre mi frente.

-Veo que ya no tiene fiebre y se encuentra mucho mejor-

No había oído entrar a Sebastian, me giré bruscamente mientras sentía que mis mejillas se encendían rápidamente y quité su mano de mi frente para seguir buscando en los cajones algo de ropa.

-Estoy bien… -no sabía que más decirle, aunque él tampoco necesitaba realmente una explicación, estaba riéndose de mí como humana.

-¿Quiere que le ayude también a vestirse?-

Esas palabras me congelaron, ¿qué estaba diciendo? Me giré muy sorprendida y lo miré preguntándole que qué era lo que le pasaba, pero simplemente se rió y se alejó un poco, después se sorprendió al ver la cama hecha.

-Se ha levantado hoy muy ociosa, señorita.

-¿Se puede saber qué te pasa?- le dije definitivamente muy molesta por todo lo que estaba diciéndome y por como actuaba.

-Me niego a que vaya a esa fiesta.- me encaminaba al aseo mientras decía aquello, y notaba como me seguía hasta parar a pocos centímetros de mí y mientras yo abría la puerta él se dejó caer cerrándola.- Y haré todo lo posible por que no lo haga…- me estaba sonriendo y seduciendo de nuevo. Si fuera cualquier otro hombre, si al menos me dijera lo que le había preguntado… Quizá me lo hubiera pensado, pero de la manera en que estaba haciendo las cosas me sentí muy molesta.

-Sebastian, haré lo que yo cree oportuno, no eres más que un mayordomo bajo mis ordenes, tú deber es sólo protegerme, seré yo quien mueva las fichas.- Le estaba hablando muy seria y con el dedo índice de la mano derecha señalándolo, algo de lo que dije le dejó algo extrañado o sorprendido. Se separó de la puerta y por fin pude entrar al aseo

-¿Qué desea hoy de comer, señorita?- oí que decía al otro lado de la puerta.

-Haz lo que quieras… excepto pescado.-

Se fue. Suspiré muy fuerte pero no sirvió para calmarme, no sirvió para nada más que para darle más vueltas al mismo asunto y acabara más enfadada todavía. Me puse unos pantalones turcos y una camiseta de tirantes mientras hablaba conmigo misma en privado sobre todo ese asunto. Bajé las escaleras y dejé la camisa de Sebastian en el montón de la ropa sucia.

Subí al estudio y comprobé una vez más que los cuadros estaban listos para la exposición y que no necesitaran ningún tipo de retoque. Cada vez que miraba el cuadro de Sebastian apoyado en el marco de la puerta sentía que mi cuerpo se encendía de nuevo. Aparté la vista y me encontré a Kuro maullando y restregándose por mis piernas.

-…A veces desearía que ese demonio no fuera más que un simple gato cariñoso…- le dije a Kuro sin que pudiera entender nada, pero sus maullidos me daban la razón, el movimiento de su cola me hizo sonreír y lo abracé contra mi pecho para acariciar su cuello. Todo estaba listo para la exposición, cerré la puerta me bajé la mochila y le puse agua y comida a Kuro.

Después de comer ambos nos separamos sin decir nada. Era una situación muy fría, pero tabién estaba muy molesta. Cuando se hizo la hora de mi ensayo, Sebastian se cambió de ropa y me avisó para que bajara. Ambos nos subimos al coche y me dejó en el teatro, sacó mi bolsa y el se fue a comprar.

Aquella tarde de ensayo fue muy frustrante, todo el mundo andaba de arriba a abajo como si fuera el día de la obra, todo el mundo estaba eufórico y yo estaba deprimida y asqueada por el día que había tenido.

-¡El ensayo ha terminado! Mañana ensayo con ropa por la tarde a la misma hora, por la mañana quiero que vengan sólo los que tienen coreografía y por la tarde todos con la ropa.- el jefe dio la orden de escape; me esperé a que todo se calmara y bajé un momento a hablar con él.

-El viernes por la tarde tengo una exposición… ¿cómo está el tema?

-¿A qué hora?

-Sobre las 21h

-Entiendo… bueno en principio no hay problema, quiero acabar los ensayos el jueves y que tengáis un día libre, el sábado por la mañana habrá ensayo hasta la hora de la obra.

-Y el viernes que viene, ¿tenemos algo planeado?

-Creo que la obra del viernes se va ha hacer el jueves o el miércoles, al parecer el ayuntamiento ha alquilado el teatro para algo.

-Vale, otra cosa; las entradas…

-Sí, las daré mañana.

-Vale, pues nos vemos mañana.- me despedí con una sonrisa y me fui al vestuario. Delante de ellos no podía estar molesta, pero en cuanto me vi sola en el vestuario me quedé unos segundos sentada sin hacer nada, cogiendo fuerzas para segur adelante y volver a verlo. Me levanté recogí y me fui.

-¿Oye Karen quién ese tipo tan sexy que está ahí fuera, lo has visto antes?

Sebastian era demasiado llamativo a donde quiera que fuera, era algo que no podía evitar, simplemente suspiré profundamente y con cara de pocos amigos contesté que trabajaba para mí. Gran error

-¿Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?- en cuanto gritó “¿como que trabaja para ti?” me quedé mirándolo un rato a los ojos, y él hizo exactamente lo mismo, se acercó sin decir palabra cogió la bolsa y la metió en la parte de atrás del coche.

-¿Cómo ha ido, señorita?- me hablaba mientras me abría la puerta del copiloto.

-Bien. ¿Por qué no lo metes en el maletero?- pregunté

-Ahí están las compras, se me hizo algo tarde mientras me decidía por la comida de Kuro, los gatitos de las bolsas de comida eran todos tan hermosos y parecían tan suaves y esponjosos…- Sebastian viajaba de nuevo a gatolandia.

-…Entiendo que te gusten los gatos... pero el dibujo de una bolsa… -cuando eché un vistazo a la parte de detrás vi aquella bolsa de comida… era enorme y no sólo eso, había más ropa de la que me imaginaba. - ¿Y toda esa ropa?

-Me he tomado la libertad de comprarle ropa nueva, lleva años sin renovar su armario, y de paso he decidido que le tiraré algunas prendas.

-Si tiras algo de MI ropa sin MI permiso… -necesitaba pensar una amenaza digna de un demonio- juro que cuando me comas te haré vomitar mi alma…- le dije en voz baja y muy seria.

-Por supuesto…- se estaba riendo de nuevo de mí y de mi condición humana.

Lo odiaba. Cuando llegué a casa llamé a Clara y le dije que este viernes en principio no habría problema para quedar por la mañana y arreglar la exposición.

Al día siguiente Sebastian y yo volvimos a discutir otra vez por esa dichosa fiesta.

-¿Por qué ese conde querría algo de ti, de qué lo conoces?- estábamos discutiendo más en dos días que en los 4 años que llevábamos juntos.

-El problema no es de qué lo conozca señorita si no qué puede estar tramando.- Sebastian estaba totalmente tranquilo y yo cada vez me ponía más desquiciada y me enfadaba más rápido. –Ya le he dicho que no es cien por cien seguro que pueda protegerla.

-¿¡Estás dispuesto ha dejar que me maten y perder un alma si ese tipo te lo dijera!? ¿¡Me dejarías morir!?- al decir eso estaba perdiendo el norte y todos mis cabales. Jamás le había gritado de una manera así a Sebastian, le estaba escupiendo las palabras con desprecio y de verdad sentía que iba a dejarme en la estacada. Me iba a abandonar.

Yo no tenía derecho a enfardarme así con él, hasta tal punto, estaba molesta por que me iba a dejar morir si ese conde se interponía de alguna manera, realmente estaba molesta por qué en el momento en que terminé de decir eso me di cuenta que estaba apunto de llorar y de que ya había perdido toda razón lógica. Era tal como lo pesaba, bastaba con provocarme y acostarse conmigo para que terminara por enamorarme de él.

-…- Se quedó en silencio.- Haría todo lo que estuviese en mi mano por cumplir el trato, pero una orden es más que suficiente para que todo falle también.

miércoles, 6 de julio de 2011

Kuroshitsuji IX


Me desperté y me incorporé en la cama. Estaba desnuda, cogí lo primero que encontré y me lo llevé al aseo. Sebastian aún no había venido a despertarme pero tenía la sensación de que era algo tarde así que me fui derecha a la ducha. Estaba cansada y seguía con sueño, pero tenía ensayo por la tarde y tenía hacer cosas… Seguro, algo había que hacer...

Cuando abrí el agua fría me dio un escalofrío y me desperté de pronto. Después me relajé un poco y una imagen golpeo mi cabeza… Sebastian y esa sonrisa de satisfacción sobre mí… Golpeé mi cabeza sobre la fría pared de la ducha.

-Mierda… Iré al infierno definitivamente… ¿Qué demonio se te pasó por la cabeza, Karen? Te dije que no lo hicieras- dije dándome pequeños golpes contra la pared mientras me repetía esa última frase.

Me puse la ropa interior, unos bóxers míos, y me puse una camisa… Era muy grande para ser mía, tampoco recordaba qué hacía una camisa blanca sobre… mí. Era la camisa de Sebastian. Sentía que me ponía roja como un tomate y tras suspirar muy fuerte me la puse y salí de allí camino al comedor; seguramente él ya estaría despierto.

Cuando salí del aseo hacia mi habitación. Recogí un poco y me aseguré de dejarlo todo decentemente, hasta me hice la cama. Después, salí y mientras bajaba las escaleras empecé a oír una voz muy familiar en el salón y a un Sebastian algo molesto.

-Grell, mi señorita está durmiendo aun, no la molestes.

-Pero es algo muy importante. Además, mejor, así podemos dedicarnos a nosotros Sebas-chan

-Por favor no diga cosas desagradables, simplemente váyase, debe tener trabajo.

-Esto también forma parte de mi trabajo.- dijo molesto el pelirrojo.

Terminé de bajar y entré al comedor cuando ambos estaban en silencio, Grell se había dado la vuelta y Sebastian estaba en la cocina sacando los platos del lavavajillas.

-Hola…- miré a mi alrededor para comprobar que no había nada roto de nuevo- Buenos días Sebastian.

-Buenos días señorita, ¿qué desea para desayunar?

-Café y tostadas… con aceite- decía mientras el pelirrojo me miraba muy raro

-En seguida-

Sebastian se inclinó mientras yo encendía la tele y me senté en mi sofá esperando el desayuno. Grell se apoyó en el otro sofá y me miró.

-Oye tú,- me giré para verlo- tengo algo para ti.

-¿Para mí?- sentándome bien en el sofá para levantarme y coger la carta que tenía en la mano.

Grell siguió molestando a Sebastian mientras me disponía a ver el remitente cuando me la quitó amablemente de las manos y la abrió para mí, entonces me di cuenta.

-¿Una camisa azul…?- miré después a Sebastian

-Sólo tengo una camisa blanca, señorita, la que lleva usted ahora.

-¿En serio?- dije mientras miraba la camisa.- Pues cuando vayas a comparar esta tarde pásate por alguna tienda y cómprate un par más...

-Con una es suficiente, simplemente asegúrese cuando se vista de dejarla para lavar, yo me ocuparé del resto.

-Ve a mirar mis tostadas y haz lo que te he dicho.- le dije en tono de madre reprochando algo a su hijo, pero después de decirle eso, volvió a coger el sobre y miró atentamente el sello que cerraba la carta.

-Se-bas-chaaan- dijo Grell dejándose caer sobre el brazo derecho de Sebastian y cogiéndose con fuerza mientras se restregaba en él. Ese gesto me molestó, le puse cara de pocos amigos. –Ven conmigo, te aseguro que no te vas a arrepentir.

-Me niego.- dijo muy serio e intentando permanecer en calma, pero algo no iba bien.

-Sebas-chan, es ella la que decide ir o no; no, no, no, no la tires.- Grell se abalanzó sobre Sebastian para evitarlo, pero lo esquivó y acabó en el cubo de la basura. Después miró a Grell como si fuera a matarlo con una sonrisa y éste se alejó hasta volver más o menos dónde yo estaba. -¿Qué le pasa a este demonio de buena mañana?- me preguntó.

-No lo sé… - dije mientras me acercaba y la rescataba, con un poco de asco, de la basura. La abrí y la leí.

“Estimada Sña Karen Gómez
Me honra invitarla el próximo viernes día 23 de Junio a una fiesta temática sobre el siglo XIX que daré en mi mansión a partir de las 21h

Por lo que nos honraría a mí y a los demás invitados con su presencia y con la de su fiel mayordomo.

Atte: Ciel Phantomhive”

-¿Y éste… quién es? Fiel mayordomo, ¿eso va para ti, Sebastian?

-Así es,- dijo Grell- van a asistir grandes actores y actrices junto con algunos cargos importantes de la ciudad. Ya te has ganado cierta importancia en ese mundo y por eso también has sido invitada. Yo me encargaré de venir a por vosotros y llevaros. ¿Y bien, aceptas?

-No.- dijo Sebastian muy serio- Si debo ir iré yo solo.

Mientras Grell y Sebastian seguían a su royo, revisé la carta una vez más. "Señora"... Como odiaba que me pusieran eso en las cartas… Me hacía sentir mayor. Después di cuenta de otro detalle, “…a mi mansión” Este tipo estaba forrado para tener una mansión.

-¿Tan rico es este tipo cómo para tener una mansión?

-Es el conde Ciel Phantomhive, por supuesto que tiene una mansión-me contestó Grell.

Sin embargo, era Sebastian el que más me preocupaba, el ambiente en la sala era diferente, el ambiente a su alrededor había cambiado.

-Un conde… ¿Y qué quiere de mí?

-Supongo que a Sebas-chan- dijo mientras lo señalaba- pero seguro que lo averiguas si vas.

Sebastian seguía sumergido en su mundo mientras miraba a Grell decir aquello y luego me miró esperando mi respuesta, pero su mirada de alguna manera expresaba desconfianza y miedo, ¿desde cuando Sebastian tenía esa mirada? Me quedé paralizada intentando tomar una decisión rápida.

-¿Y bien?- insistió Grell

-Bueno, es un poco precipitado, tengo que hablarlo con mi compañía de teatro, y encontrar un traje… Te contestaré más adelante, ya sabes dónde vivo.

-Estúpidos humanos, me pasaré en dos días.

-¿Humanos? – dije en voz bajita mientras, literalmente, desapareció ante mis ojos- ¿Sebastian qué demonios es ese tío, y dónde se ha metido?- Él volvió a su trabajo y me sirvió el café con las tostadas.

-… ¿Piensa ir de verdad a esa fiesta?-

-¿Por qué no quieres que vaya? Explícame la situación y circunstancias y quizá pueda entender ese comportamiento inquieto que tienes. ¿Qué te preocupa?

-Usted, señorita; lo que le pueda pasar si va.

-¿No estás tú para protegerme si me ocurriera algo?- le dije extrañada

-Pero quizá no pueda protegerla si va ha esa fiesta.

-¿Por qué? Se supone que deberías cuidar de mi alma hasta que se cumpla el contrato, ¿a qué te refieres exactamente?

No me contestó. Su silencio era muy incómodo para mí, pero aún así simplemente dejé que el comedor se inundara por el ruido de la televisión. Suponía que no iba a contarme absolutamente nada del por qué estaba actuando tan raro, así que intenté probar algo diferente.

-¿Quién es Ciel Phantonhive?-

Me miró de pronto. Pero tampoco me contestó, volví a repetir la pregunta y lo nombré a él

-Es un Conde, señorita; el perro guardián de la reina de Inglaterra. Es todo lo que puedo decir-

-¿De Inglaterra? ¿Y qué hace aquí?

-Posiblemente venir a por mí- dijo con una dura sonrisa dibujada en sus labios y con aspecto abatido.